dijous, 30 de novembre del 2017

¡Turút!...¡Resultados!








Hace dos horas que me han sacado sangre. Deberían estar ya los resultados. Decido subir a la tercera planta. Allí están las consultas de trasplante renal, también las de urología y las de pruebas de otorrino. ¡Solo en la tercera planta de la torre C!



El hospital La Fe es gigantesco. Es como  una ciudad pero solo para enfermos y quienes nos cuidan.


Llego a la sala de espera. La puerta B306 está cerrada.    Dentro está mi doctora con otro paciente.   
Ella, con un ordenador, puede leer cómo estamos por dentro; como quien lee en las entrañas de un animal. Luego nos ajusta las medicaciones y nos ofrece un mejor futuro. Algo de eso hacían los etruscos. Sin ordenador.




Mientras espero me da un ataque de nostalgia y recuerdo la sala de espera para trasplante renal de la Fe de Campanar; “La Fe vieja” para quienes llevamos años en esto.


Era estrecha. Tenía dos ventanas. Una daba al edificio de enfrente, en donde realizaban las pruebas del sueño. Por ella podía ver a gente durmiendo lo cual, era entretenido hasta cierto punto. La otra, en la pared opuesta, daba a una terraza entre dos paredes. En algunas épocas del año entraba el Sol. Éste se derramaba formando un rectángulo que poco a poco se deslizaba desde la pared hasta el suelo. Era más entretenido que mirar a los durmientes de enfrente.

Las esperas eran muy largas y los pacientes éramos pacientes.  

Había un cartel. Lo recuerdo  porqué decía una de las verdades para pacientes más universales que había leído hasta entonces. Era una fotocopia en blanco y negro con el texto: 

 “Por favor sea paciente, la próxima vez puede ser usted el motivo del retraso” 

 Yo era 20 años más joven que ahora.  Mi mente plástica de juventud lo asumió de inmediato; a todos nos gusta ser bien tratados. Así me convertí en paciente, paciente. 

Por aquella época las paredes del pasillo eran de color vainilla. Con el solecito se estaba muy a gusto esperando. Luego, poco antes de desmantelar aquél hospital,  las pintaron de azul. Dicen que el azul relaja. A mí aquellas paredes celestes me ponían triste, la gente durmiendo en el edificio de enfrente me dejaban mustio y el rectángulo de Sol moría sin entusiasmo al deslizarse por ellas. ¡Era deprimente de cojones!

Quién sabe por qué se cambió el color. Posiblemente algunos pacientes no leyeron el cartel y se impacientaban. O puede que fuesen mayores y no tuviesen la mente plástica. Los mayores perdemos su plasticidad y siempre andamos con prisas; aun para con temas de salud. ¡Como si nos fuera la vida en ello! 

En todo caso algún experto pensó en que debían aplicar la psicología del color.


Ahora, en la Nueva Fe, esperamos menos y no estoy seguro de si eso es bueno. 
Hay muchas más consultas y pantallas de plasma que vomitan números al son de una alarma. “Turút” Turút”. Las puertas se abren y se cierran. Hay ajetreo y uno se entretiene mucho más que mirando gente durmiendo o rectángulos de luz andando por las paredes. 


 De hecho uno se entretiene tanto que, para cuando, junto al “turút”, sale el número que te identifica en la pantalla  —Ahora somos números, antes se gritaba el nombre— ,aún no has empezado a entretenerte en serio. 
La Fe Nueva es un hospital para mayores irritables de mente rígida que andamos con prisas detrás de las manecillas del reloj.



Me siento. Me siento impaciente. Soy 20 años mayor.


Al poco “Turút” Me llama la pantalla.


No me da tiempo de entretenerme a gusto. Aunque soy mayor y también impaciente, aún necesito mi tiempo; de mirar por la ventana; de mirar las caras de la gente; de mirar el Sol como camina por el cielo…  de que me llamen por mi nombre... Ahora que  hay un gran entretenimiento, ahora, decía.... ¡ahora no tenemos tiempo para ser pacientes!


Entro en consulta.


Quien leyó el anterior post entenderá este primer movimiento: 

Tras el saludo de cortesía la doctora saca el tensiómetro. Directamente. Me pregunto si no me leyó anoche. No se fia de que tenga las tensiones "como siempre"


«Mala barraca!» Pienso.


Me levanta la manga de la camisa. Al tocar mi brazo, me pregunta si llevo una fístula. 


«Molt mala barraca!» 
Llevar fístula significa qué: o bien te estás dializando o bien van a dializarte. Cojo aire.


Ella sabe que no me dializo por lo que me quedo con la opción 2. 


«Xato, me digo, ella espera que te vayas a dializar. Quizás por un descuido olvidó solicitar la operación para ponerte la fístula. Lo da por hecho».

— Tienes el brazo fuerte!— me dice.  

      Suelto aire.


«Vale, lo que ha tocado ha sido hueso, mi hueso la ha confundido, yo no tengo el brazo fuerte»


Todo esto sucede por qué en una consulta de trasplante, los pacientes estamos con los cinco sentidos al máximo. Tenemos la adrenalina disparada. Una perla de sudor asomad en la frente de tu nefróloga de trasplante, por ejemplo, puede encender todas las alarmas y hacerte creer que se está preparando para darte una mala noticia.

— La tensión la tienes perfecta.

Ella mira el ordenador. Va a leerme las entrañas y predecir mi futuro. Tomo aire.

— Estás estable... Sigues estable.  


Me lanza una súper sonrisa que, como un boomerang, vuelve a ella y se le queda fijada al rostro. Suelto aire.
Me habla de mi creatinina, de mi ácido úrico, de mi hemograma... y de mi futuro en diálisis.
Cojo aire y suspiro...

Es un hecho. Llevan diez años preparándome para entrar en diálisis y mi riñón lleva diez años estable.

Es una pequeña tortura personal y yo no sé si ya estoy preparado o de tanto prepararme me he pasado de preparación y no lo estoy en absoluto.


Sonríe mucho mi doctora de trasplante. Es agradable. Tras hablar de mi futuro inevitable en un ambiente cordial y citarme para dentro de tres meses (lo que són unas 2000 horas) nos deseamos felices fiestas y salgo de la B306. 


Todo el mundo en la sala de espera me mira. En ese momento soy su entretenimiento principal.

Yo se, porqué lo he  vivido, que según la cara que pone quien sale por la puerta de consulta pueden cambiar muchas cosas dentro de la mente de quien espera en la sala. 
Los que salimos tenemos el poder de cambiar el estado de ánimo de quien nos ve: de ansioso a muy ansioso o a profundamente angustiado.
 
Salgo sonriente y con ímpetu. Dispuesto a comerme esas 2000 horas extras que tengo.

Las miradas se relajan dentro de su angustia,  la gente vuelve a distraerse con las pantallas y las puertas que se abren y se cierran mientras por la ventana, el Sol anda tranquilo sobre los arrozales de Sueca.


Tengamos la espada de Damócles que tengamos sobre nuestras cabezas, seamos pacientes; ¡vivir es maravilloso!




dimecres, 29 de novembre del 2017

Mañana me miran por dentro.



Mañana me toca revisión al Hospital La Fe de Valencia.
Mañana veré a mi nefróloga de trasplante renal. 
Hoy me ha salido un grano.En la sien.

Siempre que toca revisión me sale un grano. También se me acaban las uñas. Las de las manos. Las de los pies y andaros con cuidado, que por estar leyéndome desde detrás de una pantalla  no os libráis de mi inquetud desbocada*.

*Nota del traductor: En caso de que a alguien le falten uñas al terminar de leerme, que me lo comente. trataré de devolvérselas.

El día previo a la revisión; a la analítica que debe mostrar como va mi trasplante, yo mismo me revisiono:

— A ver, Igor, ¿Esa tez? ... algo pálida... pero no amarilla.  Bueno... y ¿de humor cómo andas?
«grlmb grbla» 

Bien, és normal.

También me toco los tobillos. Busco edemas, esto es, retención de líquidos. Siguen delgados como juncos. Tener edemas en los tobillos me acceleraría el corazón. Esto significaría que a parte de taquicardia seguramente el riñon no estaría eliminando bien el exceso de líquidos.

Luego pienso: 
La nefróloga me pedirà como tengo las tensiones. Ya es tarde para tomármela y seguramente, como estoy temblando, saldrá alta. No la tomo y le diré que; "como siempre".

No es mentira, yo no miento. No encuentro el tensiometro desde hace un par de meses. No me he preocupado en buscarlo y ahora me sabe mal. Por lo tanto tendré que decirle: "Como siempre" y no serà mentira... pues siempre lo pierdo.
Cuando no lo pierdo me tomo la tensión. Suele estar en valores correctos.

Si mañana la doctora me toma la tensión porque el "como siempre" no es lo suficientemente empírico, y ésta sale alta, mi tensiometro volverà a aparecer sobre la mesita de noche.

También llevaré orina. De dos categorias. La de primera hora de la mañana y la de 24 horas.
Recoger la de 24 es un circo. Llevo un barril al trabajo y meo dentro. 
Mis compañeros pueden ver que mi riñón funciona y yo me siento orgulloso. 
Sonrío y saludo . Aunque sin uñas en las manos.

Es inevitable. Nunca pude no ponerme nervioso antes de unas analíticas.
Es lo que tiene la enfermedad renal:
Es jodidamente silenciosa.  

No duele. Forma parte de ti y eso puede provocar que "creas" que estàs bien, però que no lo estés.
Luego, cuando te "curan" (La insuficiencia renal no se cura, se aplican tratamientos sustitutivos), cuando entras en diàlisis o te trasplantan, te das cuenta de lo bien que se està cuando se està bien; cuando el riñón funciona.

Por eso espero estar bien porqué funciona y no llevarme mañana una sorpresa cuando me digan que podría estar mejor.
Nunca estoy preparado para volver a diàlisis... o quizás sí. ¡Qué remedio! 

Un saludo a todos y gracias por leerme.




Declaració d'intencions



Abans de penjar un conte al bloc, el faig passar per dos filtres infal·libles. El de les meues filles de nou i tretze anys. Són millor públic del món.

L'altre dia les tenia assegudes davant meu. La seua mirada "d'expectació" anul·lava el fet que haguera pogut semblar-me que no estaven massa convençudes del que anaven a escoltar.

Vaig carraspejar per aclarir la veu tot buscant el to apropiat i em vaig llençar a la lectura.

Al cap de tres minuts, la menuda, dissimulant, es va escórrer del sofà i discretament va passar a quatre potes per davant de mi. La vaig veure de reüll eixir del menjador.

«Bé, és una història complexa. Encara em queda la meitat del públic» —Vaig pensar. 
Sóc un gran optimista i tres minuts ja era molt de temps.

Al cap de set minuts acabe la lectura.
Per primer cop encara en queda la meitat de públic!

— És horrible! — em diu a major
— El què?
— La història que ens has contat.

La major, parla en plural. Amb la seua actitud està cobrint la retirada de la menuda. Es porten bé entre elles i això m'agrada.
El debat acaba prompte. No parlem de temps verbals ni de trops*. 


La història acaba malament i no li agrada.Mor gent i no li agrada que la gent es muria.

A la nit, sota l'edredó analitze l'opinió crítica del meu públic i prenc una decisió:
En la pròxima història no morirà ningú i serà per a públic infantil!

Sí, vaig a escriure un súper conte infantil on tots queden vius al final!
De fet ja he començat. 

dissabte, 25 de novembre del 2017

Conte


música per ambientar la lectura: clic aquí.

Al final li vas penjar el telèfon, frustrat. Hi havia uns segons de retard en la comunicació i es feia difícil mantenir una conversa. En eixe moment vas sentir que ella encara estava més lluny del que imaginàveu quan va marxar.

Feia una setmana que se n'havia anat de viatge en solitari i es trobava en un indret inhòspit, deshabitat i mal comunicat.

Abans d'anar-se'n, consultareu alguna guia de viatges per Internet. La informació, escassa, deia que la regió era un altiplà boscós i atapeït de turons. Les fotos que havíeu vist mostrava que, efectivament, n'hi havia tants que semblava la superfície ondulada d'una mar brava. Aquesta ocupava una superfície considerable i quedava aïllada per un cinturó d'altes muntanyes d'aparença infranquejable. La població local es dedicava principalment a la ramaderia i els pobles, petites aldees tots ells, estaven comunicats per camins de terra.

Sense gaire més informació feia la impressió que el progrés, en aquella regió, havia passat de llarg.

Setmanes abans de marxar tothom opinava sobre aquell viatge. Alguns amics li van dir que estava boja, altres que era molt atrevida per anar allí sola i tu li havies dit les dues coses. Però tenies motius de pes; ella es trobava embarassada i, per la natura remota del lloc i les dificultats amb l'idioma, qualsevol contratemps podia dur-li perilloses complicacions; a ella i al vostre fill no nat.



Però a ella li agradava estar assoles, de tant en tant marxava uns dies i feia temps que se sentia atreta per aquell solitari racó del món. No la inquietava pas el viatge, a més deia que la solitud era addictiva i que en ella trobava la pau de l'esperit.


A tu, essencialment urbà, aquest tret de caràcter et desbaratava i se't feia difícil comprendre'n el gust, però ja us coneixíeu de feia anys i amb el temps havíeu arribat a una mena d'acord tàcit. L'estimaves i ella t'estimava, el respecte era mutu, i l'admiració, per això us compenetràveu a la perfecció. Aquest cop però hi havia alguna cosa diferent. El seu desig de solitud ara incloïa al vostre esperat fill.



Per tal de complicar més les coses, havies llegit recentment que, a causa de l'aïllament, en aquella regió havien proliferat manades de gossos salvatges que, de vegades, atacaven a les persones. Es  deia que eren uns gossos enormes i ferotges. Encara guardaves a la memòria aquell retall de premsa que tant et va impressionar:


Foto: ABC





Si destrossaven vehicles, què li farien si arreplegaven per davant a una persona sola?

No podies llevar-te la imatge del cap. Sabies que ella s'endinsaria en la regió. Que segurament buscaria l'indret més aïllat. Ho sabies! Estava tan enganxada a la solitud que la comparava alegrement amb l'essència de la seua ànima. I no la podies aturar!

No hagueres d'haver fet cap cerca, et vas recriminar.



—Les notícies solen ser sempre negatives— et va respondre quan li vas comentar la notícia per tal que tingués cura —La gent té un gust pel morbo i això és el que  les fa ser notícia. Però no patisques, tindré cura de nosaltres.



Tenia raó. A més sabies que era prudent. Vas tractar de foragitar aquella notícia dels teus pensaments mentre et gitaves al sofà. Sols quedaven dos dies per tornar a abraçar-la. Quaranta-vuit hores i no tenia previst tornar a viatjar, almenys en un temps. Ara us dedicaríeu a cuidar del bebé.

Vas sospirar...
Pel que acabàveu de parlar feia uns minuts, en aquella comunicació difícil, sabies que estava en una estació de tren i que ara havia de dirigir-se en cotxe  a un monestir reconvertit en hotel, on faria nit. 

No podies estar quiet. Et vas alçar i et vas dirigir cap a la cuina. Havies de sopar alguna cosa. A la meitat del corredor, la llum de l'habitació del futur bebé et va fer aturar. Durant l'última setmana, per tal de no sentir-te sol, deixaves una llum tènue encesa sobre la tauleta de nit. Et vas recolzar al marc de la porta. La claror il·luminava l'estança i creava una sensació de llar, harmoniosa i confortable. Aviat s'escoltarien les rialles del vostre fill en aquell lloc que l'esperava. La llum lliscava dolça sobre les parets que havíeu pintat de colors relaxants i agradables. Les cortines amb vaixells estampats de vius colors prometien oceans de felicitat familiar. Al seu darrere, a través la finestra que donava a un desllunat, entraven els coneguts sorolls dels vostres veïns.

Vivíeu en un pis de deu plantes que formava part d'un bloc de vivendes en un dels barris més poblats de la ciutat. T'agradava viure entre la gent. Et feia sentir segur. A tu, al contrari que a ella, la solitud et causava desassossec. L'evitaves. Per tal d'aconseguir-ho fomentaves les relacions interpersonals i fruit d'això coneixies a moltes persones. Teníeu una llarga llista d'amistats amb qui us ajuntàveu regularment. Tot i que eixa intensa vida social a ella la incomodava, acceptava, amatent, acompanyar-te en les sortides. L'únic lloc on no t'acompanyava, perquè deia que allò ja era massa per a ella, era l'estadi.
A tu t'agradava anar els diumenges als partits de futbol. L'estadi era un lloc on et senties còmode.La ciutat t'aportava el confort que necessitaves. La gent et feia sentir segurt. A la ciutat criaríeu al vostre fill. Jugaria amb altres xiquets al parc de baix de casa.
Vas somriure.

No t'abellia posar-te a cuinar. Et vas preparar un Sandwich de pernil i formatge. Després vas seure a veure la televisió mentre escoltaves els sorolls dels xiquets dels veïns del pis de dalt que corrien pel corredor. Vas mirar de reüll cap al corredor en penombra. Aviat el vostre fill correria també per allí.
A la mitja part del partit de bàsquet que estaves mirant vas decidir baixar la brossa. El teu equip guanyava per sis punts. Pujaries i baixaries d'un bot, i esperaries mirant el partit la trucada que t'indicaria que ella havia arribat sana i estalvia al monestir.

* * *

Quedava una hora de Sol. Pot ser menys. Era un país fosc aquell. L'aspecte de l'estació de trens, ennegrida pel temps, era molt descuidat. Les parets, velles, havien perdut el revestiment a clapes. El mateix tren del qual ella havia baixat, semblava d'una altra època, inclús d'un altre món. Era un monstre de ferro. Per la brutícia que acumulava es veia gris, fosc com una ferralla oxidada, això no obstant i de manera inesperada l'interior, antiquat, era net com una patena. A més a més, l'estació, tot i el seu mal aspecte, presentava les últimes novetats tecnològiques. Ella es va sorprendre en descobrir moltes pantalles de plasma penjades de les bigues del sostre en les que s'emetien anuncis i notícies per tal de distreure als viatgers, que esperaven asseguts en els vetusts bancs de fusta.
Gratament sorpresa es va dirigir cap a l'agència de lloguer de vehicles mentre pensava en les dificultats que acabava de tenir per comunicar-se per telèfon amb casa. «Sí que em trobe aïllada!», va pensar.
A l'agència l'esperava una noia rossa amb tots els papers necessaris. Es va dirigir a ella en un anglés perfecte i en poc menys de quinze minuts, es trobà donant les gràcies i abandonava l'estació conduint en direcció al monestir, on havia de fer nit.

Durant una mitja hora, va seguir una transitada carretera que s'endinsava en el país en direcció Oest. Pareixia, i segurament era així, que tota la circulació que travessava la regió passés per ella. A més a més anava carregada de camions motiu pel qual la velocitat no passava de seixanta. Per por de desorientar-se, volia arribar de dia al monestir. Les brumes del crepuscle, cobrien els alts cims a la seua esquerra i el Sol pàl·lid de novembre, vetllat per la boira, donava als paratges un aire d'abandó i desolació primitiu. No es veien llums de cap poble. La carretera pujava, baixava i anguilejava entre els turons. Es va adonar que ja feia estona que no creuava cap nucli urbà.

 Al poc, la boira va començar a baixar de les muntanyes tot just quan ella girava a l'esquerra i enfilava una carretera secundària que es dirigia cap als seus contraforts on es trobava el monestir.
Ja no hi havia circulació. Viatjava sola, serpentejant entre boscs, sembrats i camps abandonats on pasturaven grans corbs negres que alçaven el vol al seu pas.
Se sentia afortunada. Feliç. Sola...


Foto: Igor Vicens
La via va tornar a entrar en un bosc. Donat l'avançat de l'estació, els arbres ja havien perdut totes les fulles. A costat i costat, els troncs creaven una mena de túnel vegetal i en conjunt feien una formidable barrera que impedia que la vista s'endinsés gaire més enllà de la carretera.  En molts trams l'asfalt havia desaparegut. Hi havia nombroses basses fangoses i tolls d'aigua ocults sota una manta de fulles mortes. Avançava molt lentament. Primera, segona...




Tot d'una, va veure un gos negre immens ajagut al mig del camí. El cor se li accelerà en la caixa. Ni les llums del cotxe ni el soroll del motor semblaven espantar-lo. Es va apropar a ell lentament. El gos no es movia. Va tocar el clàxon. El gos es va girar i va fixar els ulls en ella. Eren uns ulls brillants i diabòlics.

«Els infernals gossos negres que presagien la mort»— li va creuar la ment i ¡va sentir una esgarrifança. — «No sigues idiota!— es va dir, i per asserenar-se va afegir: Els ulls reflecteixen els llums del cotxe, això és tot».

L'animal no semblava disposat a moure's i ella no podia continuar endavant sense atropellar-lo. Quan era molt a prop d'aquella bèstia infernal va aturar el cotxe. De sobte, l'animal s'aixecà i, caminant lentament, va passar pel seu costat. Es va fixar en la formidable grandària de la bèstia. El llom arribava a l'altura de la finestra del conductor. Va veure, a través del vidre, el seu pelatge, brut i aspre, baix el que palpitava la musculatura; les potes robustes i la cua curta.
De seguida va posar la primera i, a poc a poc, va emprendre de nou la marxa sense deixar de mirar pel retrovisor. En la penombra del crepuscle, va ataüllar com el gos deixava la carretera i s'endinsava lentament cap al bosc, on es pregué de vista.

«Quina bèstia, —va pensar—, sort que estic dins del cotxe! Si hagués de baixar....»
Va mirar el telèfon, al seient del costat. No tenia cobertura. Ningú podia socórrer-la si tenia un contratemps.

En aquell moment, d'entre els arbres a la seua esquerra, van eixir corrent i bordant tres gossos més; immensos i ferotges. Ella va xisclar. Les feres van envoltar el cotxe, lladrant amb tota la fúria del món. Els va mirar amb una barreja de fascinació i pànic. Les seues goles escopien baves en obrir-se i atacaven les rodes a mossegades. Xisclant va accelerar. Havia de sortir d'allí! De reüll va poder veure, a la dreta, entre els troncs dels arbres, les ombres d'altres gossos que corrien en paral·lel a ella, perseguint-la. N'hi havia molts. El pànic l'envaí. Pels retrovisors podia veure amb espant com els primers tres gossos li donaven caça corrent-li al darrere per la carretera. De sobte, el cotxe es va ficar en un toll de fang, va derrapar i va quedar creuat en mig la carretera. Desesperada, va provar de reprendre la marxa girant angoixada el volant per enfilar de nou la ruta. Per la finestra del copilot veia com aquells tres gossos que la perseguien per la carretera l'atansaven lladrant més rabiosos que abans. Va accelerar i, de sobte, se li va calar el motor.


*  *  *

Després de posar-te una jaqueta i tancar la porta de casa amb clau, vas baixar del cinqué pis on vivies per llençar la bossa d'escombraries al contenidor. Baixaves sempre a peu, per les escales. Era una manera de fer exercici. De sobte, en la revolta del tercer, t'adonares que de la bossa gotejava alguna mena de líquid greixós deixant un rastre al teu darrere. Un mal pressentiment et va creuar la ment. Vas accelerar el pas.

A aquelles hores les voreres estaven menys transitades. Hi havia encara gent al parc de baix de casa i algú que passejava un gos menut. La resta de la gent ja era a casa. Es veien les llums a través del miler de finestres dels blocs de pisos. Pel carrer circulaven nombrosos vehicles. L'avinguda, per ser una sortida, era una de les més transitades. Els contenidors de brossa quedaven uns metres més enllà del portal. Davant del parc infantil. Pensant en ella i amb el mal pressentiment al cor vas arribar fins als contenidors.

«Truca! Per favor, telefona'm! Si no ho fas tu, ho faré jo ara mateix»

— Vaja, amic. Vols que t'ajude?

Qui diu això és un home d'aspecte malcarat. Vesteix amb roba fosca i du esportives blanques molt brutes.

— No cal, gràcies, puc fer-ho assoles.
— No hauries de ser tan desagraït— respon l'home.

El mires amb més atenció i veus que el rostre de l'individu no somriu. Et poses nerviós. Estàs acorralat entre ell i el contenidor. Contenint els nervis li gires l'esquena, obris la tapa i llances dins la bossa d'escombraries.
En girar-te veus que d'un portal proper ixen dos individus més que es dirigeixen cap al qui t'ha parlat primer:

— A qui tenim ací?
— A un que no vol que l'ajuden.— respon el primer home amb to burleta— Es pensa que pot fer les coses assoles.

Comprens de seguida la teua situació. Sense pensar empenys a aquell individu i et poses a córrer cap a la teua porteria.

Tot passa massa ràpid. Un dels homes que acabava de sortir del portal t'enxampa al vol i, amb el colze, et solta una guitza. Notes la sang calenta caure del nas.

— No hauries de ser tan mal educat— escoltes que diu.

Disposat a la baralla et poses en guàrdia però, de sobte, un dolor immens a la ronyonada et fa caure de genolls. Portes la teua mà a l'esquena i notes el mànec d'un ganivet. Et mires la mà sanguinolenta. Després mires incrèdul cap als tres individus que s'han reunit al teu costat. El jove que passeja el gos ha contemplat l'escena i el veus marxar corrent. Al lluny, la gent del parc, que sempre t'ha fet sentir tan segur, està mirant el que passa. Ningú no es mou. Un d'aquells homes t'arrenca la cadena d'or que et penja del coll mentre l'altre et fica la mà a la butxaca i et lleva la cartera i el mòbil. Aquest últim, després de mirar-lo, el llença a terra amb menyspreu. El tercer extreu l'arma del teu cos amb un dolor brutal. Llavors, quan sembla que se'n van, diuen alguna cosa entre ells i notes una segona, una tercera... fins i tot una quarta punyalada a l'esquena. D'aquesta última ja no notes el dolor. Penses en aquell país llunyà i deshabitat on ha marxat ella mentre caus de cara a terra. Paratges inhòspits i solitaris. La sang forma una bassa al teu voltant. Ara et sembla sentir que la gent s'apròxima a tu. Veus sabates neguitoses. Veus aquell gos menut i pelut. Et lladra a cau d'orella i llepa la sang del terra. Veus els reflexos dels  llums dels cotxes sobre l'asfalt i escoltes crits. L'última cosa que veus és el teu telèfon que, a dos pams davant de tu, es posa a sonar.

Després, ja mai més res.

* * *

Foto: Igor Vicens

Ella arriba al monestir. És quasi de nit. Un gran mur separa l'edifici del bosc. Entra amb el cotxe per baix una portalada amb una reixa automàtica que s'obrí miraculosament quan ella s'aproximava. Esta tan espantada! Els gossos havien estat lladrant al voltant del cotxe i l'havien posat molt nerviosa. Afortunadament va poder arrencar i reprendre el camí. Els va veure perseguir-la durant uns segons que es feren eterns. Després, l'esbart va desaparéixer endinsant-se dins el bosc.
Un cop a la recepció de l'hotel li ho comenta al recepcionista.
El xic, prim i sec li conta que aquells eren gossos de pastors, animals que s'han perdut o han fugit i han format gossades. Li diu que, efectivament és tot un problema, que n'hi ha moltes manades per la regió, però que el govern ja esta posant mesures per a esterilitzar-los. A més i per a tranquil·litzar-la, li diu que no són massa perillosos amb les persones perquè en moltes aldees els donen menjar, això sí: es tornen bojos amb els cotxes.

L'explicació és tan senzilla com tranquil·litzadora.

«El desconeiximent és a l'origen de la por.». Pensa ella.

Havent-se registrat a l'hotel, es dirigeix a l'habitació. Tot i que austera disposa de pantalla plana, wifi i un telèfon fixe. A l'estació no ha pogut parlar perqué no hi havia massa cobertura. Ara no deuría haver cap problema.
El despenja. Hi ha línia. Marca el número d'ell. Pensa que l'estima. Li dirà que, tot i que la solitud és addictiva, el troba molt a faltar.






Bibliografia

http://www.exteriores.gob.es/Embajadas/BUCAREST/es/Embajada/ServiciosConsulares/AsistenciaConsularSC/Paginas/Ataque-de-perros.aspx


https://www.elpensante.com/bestiario-nocturno-los-perros-negros-mitos-y-leyendas/

https://ocultopedia.com/2013/06/01/perros-negros-diabolicos/



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La primera criatura hecha con piezas de personas fallecidas que gimió en la tierra fue un monstruo literario salido de la mente de Mary...